De alguna manera, esta iniciativa fue tomando forma con el camino de mi fe.

En 2018 me convertí, después de un tiempo de vida desastroso en muchos sentidos... Si bien había tenido una educación formal católica, y había recibido los sacramentos... No tenía fe.  Así que cuando empecé a tener fe, me bauticé en la iglesia evangélica. Si, estoy doblemente bautizada.

No había encontrado el camino de vuelta al catolicismo - todavía. Pero sí salí al camino, siguiendo lo que yo entendía que era un llamado de Dios. Así anduve por varios lugares, hasta que llegué a Sierra Grande y empecé a dar talleres para emprendedores... Pero al final, terminé enseñando música a los niños de la iglesia. 

Simultáneamente, tenía mi blog y un podcast cristiano. 

Antes de la pandemia tenía un proyecto de "productos cristianos" pero con el regreso a Buenos Aires, eso pasó a ser sólo una parte del emprendimiento, y con vistas a financiar un proyecto musical.

En ese regreso estudié canto, teología, asistí a eventos en el Seminario Bautista, y algunas veces me subí al púlpito. Dibujaba y mandaba devocionales a muchas personas. Me quería preparar para salir a misionar, así que tenía mi mente y corazón en eso. Dejé mis oficios en pos de la música y me enfoqué en el diseño gráfico. 

Pero el llamado de Jesús desde el Sagrario fue disruptivo. Empecé a sentir que lo que hacía, que la forma en la que vivía mi fe, no tenía que ver con mi verdadera identidad. Me empecé a sentir asfixiada y encerrada, urgida de salir a buscarlo a El. 

Colaboré como "escritora fantasma" en un libro sobre las fiestas de Levítico 23, que me hizo recordar muchas cosas que había aprendido cuando era católica.

Hasta que un día, escondida de mi entorno, fui a misa. Y fue llorar de principio a fin, porque por primera vez entendí la liturgia y vi como la palabra que tanto estaba estudiando cobraba vida ahí, adelante de mis ojos. 

Todo era muy intenso espiritualmente, pero tenía muchas resistencias protestantes.  Entre semana iba a una iglesia católica, y los fines de semana, era protestante, lo que no sería sostenible en el tiempo.

Hasta una noche en la que supe que no había vuelta atrás. Esa noche me enteré del milagro eucarístico de la parroquia de Santa María, en Buenos Aires. Y algo... Algún velo se cayó en mi. Verlo a Jesús, que tanto lo venía buscando, con la convicción de su presencia real en la Eucaristía.

Esa noche lloré mucho porque sabía que iba a perder todo o casi todo lo que había ido recorriendo esos años. Fue un proceso largo, que incluyó un paso por la iglesia Anglicana - por esto de mis resistencias...

Hasta que me rendí. Y dejé de dar vueltas para seguir el llamado de mi Amado. Y a pesar de mi entorno... Encontré el camino de regreso a la Iglesia Católica, con Jesús tendiendome una mano desde el Sagrario. 

El proyecto musical se cayó. Y mi emprendimiento dejó de funcionar y de tener sentido, porque iban de la mano. Quería volver a mis oficios manuales. Sabía que tenía que hacer las cosas de otra manera, por mi salud.  Y estaba triste, porque no sabía qué camino tomar.

Como una forma de acompañar mi oración, empecé a hacer rosarios. Y se juntaron un montón, que después regalé. Y después me animé a pensar ¿Y si esta es la manera de volver a abrazar mis oficios? ¿Por qué no? Y me atreví a compartirlo... Y me alentaron a tomar este camino.

Y acá estamos. La Centésima es un emprendimiento con propósito, como el que tenía antes de la pandemia, que reúne todos los oficios que aprendí: los manuales y los de diseño gráfico y editorial. 

Es una iniciativa que de alguna manera, lleva mucho tiempo gestándose, y que irá tomando forma, haciendo camino al andar. Es más que un emprendimiento, porque también es un espacio desde el cual voy a compartir algunas cosas de mi camino de fe, especialmente en las redes sociales.  Y, dentro de lo que es el emprendimiento, van a encontrar dos áreas: la de productos físicos y la editorial digital (que estará publicada próximamente)

¿Me acompañan?