Ayer, 02 de Febrero, celebramos la Presentación del Señor. Y yo hice este posteo en mis redes sociales... y también lo iba a subir acá, para que fuera el primer posteo del blog. Pero tuve algunos problemas técnicos y no lo pude hacer.

Hoy, con otra claridad, los pude resolver, así que a continuación les copio el texto que subí ayer, para romper el hielo, y poder comenzar con lo propuesto.

 

Recordamos y celebramos la presentación de Jesús en el Templo.  La imagen que les comparto es un ícono moderno, no es de mi propiedad, pero no llegaba con el tiempo para poder prepara una ilustración propia.

En la imagen están a la izquierda, María y José. José, llevando las tórtolas como ofrenda y María entregando al niño en los brazos de Simeón. A la derecha, están representados Simeón y Ana, quienes reconocen a Jesús inmediatamente.

Y algo que me quedo pensando para mí, y les comparto…es en mi capacidad de estar atenta y despierta de reconocer a Jesús y al mover de Dios, incluso más allá de las apariencias.

Ana y Simeón reconocieron a Jesús como Mesías, como luz del pueblo, aun cuando era pequeño. Aun cuando la ofrenda presentada cubría lo establecido por la ley, pero al mismo tiempo, hablaba de que era una familia que no tenía una situación económica que les permitiera ofrendar un cordero, por ejemplo.  Ana y Simeón vieron más allá de las apariencias, de los prejuicios, de sus ideas previas.  Vieron con los ojos del Espíritu, con una mirada llena de fe. 

Qué lindo sería poder mirar más así, como ellos, y reconocer cómo cada día Jesús se nos presenta y viene a nosotros, ¿no?